3 mayo Día 16
Por favor, por favor, denme una limpiadita
Como corresponde a un puente de 4 días, todo ha estado a reventar.
Anoche en el bar donde nos deleitábamos con dos txacolis y
un pinchito, se llenó como el barranco del ”poyo”, de inmediato y sin avisar.
Pasamos de estar sentados en unos taburetes a estar rodeados con derecho a roce.
El dueño estaba renegando de un grupo de los 80´s llamado “un pingüino en mi
ascensor”. Cuando me atendió le dije que a ese grupo no había que denostarlo,
si no olvidarlo y nunca más nombrarlo. Eran malísimos.
De inmediato me confesó que a el quien le gustaba de verdad
era Van Morrison, me quedé mirándole y le dije a mi también, es mi preferido, a
quien me llevaría a una isla desierta. Nos chocamos la mano y me volví con mis
vinos al roce continuado de la marabunta que invadía la Taska Lumentza.
Por mas que hemos ido varias veces a ver la iglesia con uno de los tres retablos mas grandes de España, no ha habido forma de encontrarla abierta. Solo en horario de misas y hay una misa a la semana.
¿ Cómo pretenden
que ganemos el cielo si nos limitan nuestro fervor?
Después de informarnos debidamente en la oficina de turismo y constatar que gran parte de los hitos, que no son muchos, ya los vimos ayer tarde, intentamos subir al calvario desde donde se domina el pueblo, el puerto y parte de la costa. Cuando ya habíamos pasado Jesús es condenado, luego Jesús carga la cruz y ya llegábamos al III misterio, Jesús cae por primera vez, somos conscientes que todavía faltan 11 paradas mas y la cuesta se empinaba y aupaba con un gradiente demasiado elevado para una hora tan temprana.
Miramos al cielo, límpido de nubes y con una mueca de
desagrado nos rendimos. En otra ocasión contemplaremos este paisaje sin par…….según
cuentan.
Paseo por el puerto
Acometemos otra tarea no menos inhumana, pero al menos no tan empinada. Acercarnos al faro de Sta. Catalina. Son 6 km de ida y vuelta a paso lento mientras nos recreamos con el paisaje. La subida es lugar habitual de ciclistas y corredores de a pie y constatamos la fortaleza de los vascos.
Creemos haber dado buena cuenta de Lekeitio así que nos vamos a Motriku, distante 16 km de una carretera costera bellísima, pero sin un solo lugar donde pararse.
Pueblo compacto y en declive hacia el mar, nos pilla
cansados y con hambre. Eva quiere probar el cogote de Merluza y lo vemos
anunciado en el restaurante Piperren Txokoa en la plaza Churruca. Nuestro héroe
de la batalla de Trafalgar era originario de este pueblo.
Tras el ya habitual aperitivo en la terraza del Merkatu (
mercado), tomamos posesión de nuestra mesa en el restaurante. Nos regalan unas
piparras a la plancha y una ensaladilla de merluza.
La chica que nos atiende nos recomienda una ensalada de ventresca que, nos asegura que será diferente a todas las ensaladas que hayamos probado. Hicimos bien en aceptar su sugerencia. Un festival de sabores frescos con un aderezo que no tenía vinagre.
El cogote, viene acompañado de la cabeza completa y lo conforman, además, la ijada(vientre) y una pequeña parte de los lomos. Cocinada a la parrilla y luego humedecida con una salsa que no sabemos de que era, nos ha congraciado por fin con la cocina vasca. Un 10 para el restaurante, el servicio y el cocinero.
Los restos ya rebañados
Vino de la rioja alavesa de las bodegas Artuke. A partir de
ahora solo vamos a beber vino de esa bodega.
Y ahora unas rarezas, la primera a la puerta de una iglesia
























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