13 mayo día 24
Por si alguien no se ha dado cuenta, hoy es martes y 13.
Nos ha traído suerte la fecha. Visitamos Laguardia,
totalmente medieval y en un excelente estado de conservación.
Se encuentra en lo alto de un montículo dominando los valles
repletos de vides y bodegas repartidas por el territorio.
Como ayuda a la ascensión, hay un ascensor que invita a no esforzarse más de lo necesario.
Entramos por la puerta de San Juan, una de las 5 puertas de la villa que también está totalmente construida con piedra arenisca. Este es muy buen ejemplo de la acción del tiempo sobre ella.
Hay un paseo fuera de las murallas y alrededor del altozano que nos permite disfrutar de las vistas de las tierras que rodean Laguardia.
A veces la edad del ciudadano no dista mucho de las piedras que le rodean.
De puñetera casualidad nos topamos con un museo de antigüedades de uso cotidiano, lavadoras del siglo XIX, aspiradoras mecánicas y manuales, viejas marcas de cigarrillos, juguetes y un largo etc.
Tomamos una visita guiada para ver el pórtico e interior de
la iglesia de Santa María de los Reyes.
Ya en el siglo XVI se cerró el pórtico lo que ha permitido
la conservación de las figuras y su pintura. Por el brillo podríamos adivinar
que está hecho de madera tallada, pero es piedra muy pulida y pintada.
En el interior el retablo nos guarda una gran revelación. Siempre, desde mi más tierna infancia me hicieron creer que los ángeles no tenían sexo, pues bien, hoy pude constatar que no es así. Aquí están rodeando a la virgen en el altar mayor con los cataplines al aire.
Otra curiosidad, esta vez arquitectónica, es que la cúpula es trapezoidal lo que obliga a que los nervios del techo de las naves laterales a la cúpula no sean uniformes ni homogéneos.
Sin desperdicio esta última cena que preside una de las capillas laterales.
Dicho por la guía, los expertos carniceros no han podido averiguar que animal están por comer ya que tienen cabeza de galgo, cuerpo de conejo y patas de cordero.
Recalamos en el restaurante Biazterri. Tienen unas raciones
para albañiles.
Ensalada de tomate y ventresca para ella y una berenjena
gigante rellena de hongos y gambas cubierta de una besamel ligera para mí.
De segundo hemos compartido una lubina salvaje (o por lo menos así rezaba el menú) al horno que nos ha desespinado una "amable camarera italiana"
Vino de la casa muy rico y joven.
El café y el orujo lo hemos tomado en el bar de un hotelito, como dice Eva, muy mono.
Después de este acopio de calorías para el próximo invierno a las 5:30 pm estábamos sesteando







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