9 mayo día 22 Salvatierra de Álava
Lugar no prescindible si se le dedica no mas de hora y media,
pero nosotros teníamos toda la mañana para pasear esta minúscula villa de 3
calles largas y unas cinco calles transversales que las cortan a lo ancho y que en esta ocasión es a
lo estrecho.
Primero un desayuno reparador por que en el camino no
encontramos nada abierto excepto tiendas de gasolineras. Hemos vistos unos
bocadillitos de jamón con pimientos que nos dijeron “pídeme, pídeme” y les
hemos hecho caso.
Como siempre, la primera vista es a la oficina de información
turística para que nos llenen de mapas, planos y libretos de info muy interesante,
como rutas a pie de diferentes longitudes o rutas en bici e incluso visitas
guiadas y que estan muy bien si piensas quedarte una temporada.
En nuestro caso nos ponemos con ímpetu renovado a ver más
casonas y más escudos heráldicos.
La villa se funda en 1205 por el rey castellano Alfonso X “el
sabio” sobre una aldea que ya existía llamada Aguraín. En realidad, como sabio
que era no fundo nada, simplemente les cambio el nombre y les puso Salvatierra
(tierra salvada).
Esta tampoco parece estar pasando sus mejores días.
Las dos grandes iglesias del pueblo sufren en sus fachadas o muy cerca de ellas las aberraciones urbanísticas tomando a la modernidad mal entendida como excusa para perpetrar tamaños delitos.
En la plaza del mercado, se encuentra la iglesia de San Juan
Bautista. Tiene a ambos lados de la puerta y tapando unos rosetones con
vidriera dos farolas que bien mereciera, en que las permitió, que se las introdujeran
por donde yo se y vosotros os pensáis.
En esta plaza se celebra mercado semanal desde el año de 1256. Los porches que rodean parte de la plaza servirían para celebrar el mercado cuando el tiempo es adverso.
En 1912 se funda la fábrica de azulejos Cerámicas Alavesas y estuvo en activo hasta 1971
En las paredes exteriores del convento de las clarisas hay
un pequeño museo al aire libre con diferentes obras plasmadas en cerámica
azulejada.
Las calles tienen unas placas en azulejos con los nombres de estas.
Al principio del pueblo, o al final, según se mire el plano y según uno empiece el recorrido, se encuentra la iglesia de Santa María, la cual sufre también atentado artístico modernista con una falla en metal que no se si quiere ser veleta gigante o vaya “usté” a saber qué.
Eso sí, tiene dos placas solares a mitad del mástil.
En el frontis de la puerta de la iglesia se inserta esta
placa donde se explica que un señor donó 13.000 (trece mil) pesetas. Me
pregunto si Don Ambrosio pensaba que estaba comprando su entrada al paraíso.
Redondeamos el trabajo de turista del día de hoy con dos formaciones megalíticas que parece ser fueron a parte de lugares ceremoniales, enterramientos milenarios. Datan de hace 6,000 años. El primero es el de Sorginetxe y el segundo es el de Aizkomendi.
La piedra superior de este dolmen pesa 11.000 kg.
Buscamos donde comer, estamos en medio de la “Llanada Alavesa” y no sabemos hacia donde dirigir nuestros estómagos. De repente aparece ante nuestros ojos un comedor de carretera de los que da de comer a los camioneros y el nombre es muy clarificador “El ventorro” queremos ver si encontramos al insigne President de la Generalitat Carlos Mazón, pero no, solo nos encontramos un menú muy humilde y con poca calidad que se cambia por la abundancia y por el precio. La urgencia por comer nos ha jugado una mala pasada.
Garbanzos para ella y sopa de cocido para mí. Algo parecido
al agua tibia con fideos blandengues.
De segundo coincidimos en unas albóndigas con papas fritas. Ni bien ni mal si no todo lo contrario. El único vino que tienen a parte del de la casa es el Faustino. Perfecto para acompañar una comida de caca…una caca de vino.































me encantó la cerámica alavesa, sobre todo con los nombres de las calles. Aborrecible la veleta de la iglesia de Santa María que mal gusto y que manera de echar a perder lo agradable de la construcción. Desde luego hay cada animal por ahí que deberían meter en corrales. Bonito lugar aunque no muy apetecible para calmar el hambre.
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