29 abril día 12
Nos despedimos
de Vicente y Antonio a la puerta del pisito, ellos retornan y nosotros seguimos
en solitario a recorrer lo que resta que es bastante.
Balmaseda, casi
en la frontera con Cantabria, pueblo chiquito pero bonito y que tuvo su
importancia antaño, estuvo en el camino de la calzada romana Pisoraca
-Flaviobriga, hoy en día Herrera del Pisuerga a Castro Urdiales. En la edad
media fue paso obligado para las mercancías que desde Castilla iban hacia el
Cantábrico y nombrar también a los indianos que al volver de América invertían
sus dineros en la industria de la zona.
La villa se le
nota el ritmo cansino de la vida de los pueblos, no hay prisa para nada.
En el barcito
tienen vermut Yzaguirre y preguntan que si queremos chupito o normal. Lo
pedimos normal con un hielito y una raja de naranja y la sorpresa viene al
constatar que la medida normal vasca difiere de la nuestra.
Han sido mas de
200ml de vermut. Con 3 vasos y medio este tío se cepilla la botella.
Aunque la semana santa acabó hace ya unos días, los balcones del pueblo están presididos por fotos muy grandes relativas a dicha festividad. Frente a nuestro vermut teníamos una faz gigante de un cristo con corona de espinas y diente de plata
Leí que en el
restaurante de Piscinas de Balmaseda se comía muy bien y que menús cojonudos.
Creo que la pagina era un fake. Bastante ful el menú y por la cantidad de las raciones
y el tipo de comensal parecía el bar de un polígono industrial. Comida vulgar a
mas no poder.
El alojamiento de hoy parece la casa de un indiano, habitaciones enormes, baños kilométricos, camas con dosel y una escalera curva para subir al piso preciosas.















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